Oxalá

Oxala es la manifestación cosmica del cielo, de la tierra a la luz de la paz y del amor.

Él es el llamado “Padre” de la humanidad, el “Padre” de todos los Oríxas y de nuestro Padre celestial.

Obatala

Todas las personas de religión o no, ofrecen su respeto, afecto y adoración, se le confió la creación del hombre.

Su vida fue contada oralmente, de la cual hay muchas leyendas, las culturas afro-brasileñas, han reunido algunos para nuestro conocimiento.

Algunos dicen que tenía dos esposas. Una de ellas era Nanna, la mayor con la que tenía a Omulu, Loko y Oxumaré.

El otro era Yemanjá, más joven, con quien tuvo los otros hijos, los Orishas restantes.


En África se conoce como OBATALA.


Historia de oxalá

Al principio, cuando Olordumaré vino al mundo, estaba acompañado por su hijo Obatalá. Bajo el cielo sólo había agua. Luego Olordumaré Obatalá dio un puñado de tierra en el caparazón de una esfera y una gallina.

Obatala tiró la tierra en una colina en medio del mar. El pollo comenzó a cavar la tierra, a esparcirla y a dar forma al mundo que conocemos.

Olofi también encargó a Obatalá la formación del cuerpo humano. Así lo hizo y terminó su trabajo poniendo la cabeza sobre los hombros. Por eso Obatalá es poseedor de las cabezas.

En una ocasión los hombres prepararon grandes fiestas en honor de los Orishas, pero debido a un error inexplicable se olvidaron de Yemayá.

Enojada, imploró al mar, que comenzó a devorar la tierra. Era aterrador verla cabalgando sobre las olas más altas, enojada, con su abanico plateado en la mano.


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Los hombres asustados no sabían qué hacer y rogaron a Obatalá. Cuando la inmensidad rugiente de Yemayá cayó sobre lo que quedaba del mundo, Obatalá entró, levantó su cetro y le ordenó que se detuviera. Por respeto, el dueño del mar detuvo el agua y prometió abstenerse de cólera.

Es un gran orischa, creador de la tierra y escultor del hombre. Es la deidad pura por excelencia, dueño de todo lo blanco, de las cabezas de las personas, de los pensamientos y de los sueños.

Hijo de Olofi y Olordumaré, fue enviado a la tierra para hacer el bien y gobernar como rey del planeta. Es misericordioso y amante de la paz y la armonía.

El buen comportamiento prevalece y puede apaciguar a su hijo Xangó y Oggún Areré. Todos los Orishas lo respetan. Todo el mundo lo busca como abogado.

No admite que alguien se está desnudando en su presencia o que está diciendo frases duras o insultantes. Sus hijos deben ser muy respetuosos.

Tiene veinticuatro maneras o “avatares”. En el Diloggún habla por Unlé (8), y todos los múltiplos y subconjuntos de 8 le pertenecen, el castillo que le pertenece tiene 16 ventanas. Sus sacerdotes se llaman Ochabi.


  • En Okó como ORIXAAKO
  • En Egipto como OGUIÑA
  • En América se le llama ORIXALA o como se le llama comúnmente OXALA.

OXALA, se conoce de dos maneras: Oxaguia, que es el joven Oxala, guerrero, impulsivo, y difícil de dominar, necesita su propia experiencia personal para aprender, no se puede dejar llevar por nadie.

El otro OXALA, Oxalufa, Oxala es viejo, más sereno y más tranquilo que el primero, con la experiencia de longevidad, sabiduría, perpendicular y paternal.


Dentro de los tipos de OXALA, también encontramos:


  • Oxala Obokum
  • Oxala Olokum
  • Oxala Dkum
  • Oxala Jakum
  • Oxala Orumilaia

Obanlá, Orichanlá u Ochanlá: Es una anciana fría y temblorosa que debe ser cubierta con una sábana blanca. En cuanto baja, pide manteca de cacao para hacer una cruz en la palma de la mano y en la cabeza hacia el punto en que el occipucio se encuentra con el parietal.

También come parte de la grasa que se supone que es, explica la inteligencia, una preparación a base de aceite de palma, huevo batido, coco rallado y aguardiente, tomada por los ancianos de Ochá.

Propiedades de Ochanlá: en una sopa de algodón con terrina y pluma de loro. Ella es ciega y yo enseño a una niña a leer, tejer, bordar y tiene una pequeña silla.

También lleva una bola de marfil en sus atributos. La saludas abrazándola y luego cortándole los brazos de atrás hacia atrás como si te estuvieras abrazando a ti mismo y cruzando tu cabeza dos veces con la de Orisha.

Se identifica con Las Mercedes y Santa Ana.

Igbá Ibó, Ibaíbo, Ibá Ibó Obá Ibó, Obba Iba, Baba: es un antiguo Obatalá (arubó). Él es el pensamiento divino y es representado como el ojo de la providencia divina. Es el secreto de los Güiros hablantes. No puede ser visto, y si alguien lo viera, estaría ciego para siempre.

Es el Foddú Daa de Arará.


LEYENDA DE OBATALA

Obatalá vive con su esposa e hijos Oggún, Ochossi, Elegguá, y tiene un centinela, Osun, Oggún era el hijo favorito de Obatalá y Yemmú.

Fue el trabajo más duro, y sus hermanos se vieron obligados a obedecer. Hoy se enamoró de su madre y la violó varias veces, pero el pequeño Elegguá lo cuidó y advirtió a Osun, quien inesperadamente llegó y pidió a Oggún.

Ahora comprendió que Elegguá, que siempre estaba husmeando, le había dicho a Osun lo que intentaba hacer, e inventó un pretexto y lo echó a la calle.

Elegguá se quedó en el rincón, deambuló por la casa sin entrar, y no perdió de vista a Oggún, quien arrojó montones de maíz a Osun para no traicionarlo.

Mientras Osun comía, aprovechó ese momento para abusar de su madre que le estaba dando su consentimiento. Y así todos los días, a la misma hora, Oggún cerraba la puerta de la casa, dejaba a Osun fuera de la mazorca de maíz, y…… Ya sabes!

Elegguá esperó a Obatalá y dijo: “Babami, no he comido en muchos días. Oggún me castigó dejándome en la calle para que no vea los males que está haciendo, y Osun no le advirtió porque Oggún le da mucho maíz, y se queda dormido……

¡Pero Osun no puede dormir!

A la mañana siguiente, Obatalá se levantó temprano, volvió más temprano de lo habitual y se acostó en la maleza detrás de un árbol. Desde allí vio a Osun durmiendo y a Oggun cerrando la puerta.

Obatalá lloró de dolor, y con dolor le temblaban las piernas. Cortó un trozo del árbol para sostenerlo y golpeó la puerta con ese bastón.

Yemmú se dio cuenta de que fue Obatalá quien vino a sorprenderlos y quiso correr y abrir la puerta. Pero Oggún, sabiendo que su madre no era culpable, le dijo: “No madre, no lo abras, soy un hombre y la culpa es mía!

Obatalá levantó la mano para maldecirlo cuando Oggún abrió la puerta. ¡No maldigas a Baba, me maldigo a mí mismo! Que yo, Oggún Agguanillé, Oggún onile Kobún, Oggún tocumbí, trabajo día y noche hasta el fin del mundo!

Entonces Obatalá entró en la casa y Oggún le dijo a Yemmú: “Mi madre es inocente…”. Obatalá le dijo a Oggún: “¡Vete! No puedes vivir dentro de la casa.

Y Oggún, avergonzado, se fue a su herrería. En Osun dijo: “Confié en ti y te vendiste por el ambuadó”. Y en Elegguá: Mi centinela serás tú. Y en Yemmú : No te maldigo, pero si otro hijo nace para nosotros, lo mataré.

Orulá nació, y Obatalá lo enterró bajo una Ceiba. Xangó nació más tarde, y a pesar de su juramento, al verlo tan divertido, sintió lástima por el niño y se lo entregó a Dáda, su hermana mayor, para que lo cuidara en casa.

Pasaron cuatro años y Dáda lo vistió de rojo y lo llevó a visitar la casa de sus padres. Obatala se regocijó con su hijo y lo acarició muchas veces, mientras Yemmu lo miraba llorar porque pensaba en Orulah.

Obatalá lo sentó sobre sus piernas y al ver a Yemmú llorar, Xangó Mokokokén preguntó por la causa de esas lágrimas. Yemmú respondió: ¡Un día te lo diré….! Ordena a Dada que le traiga a su hijo todos los días.

Y cada día Obatalá le contaba a Xangó un episodio de su vida; cada día le contaba lo que Oggún le había hecho. Así creció Xangó -de niño se llamaba Olúfina Koke-, despertando en su corazón odio y resentimiento por Oggún.

Cuando se hizo hombre, Ayala Yeo, bello y guarachero, vestido de guerrero, montó su caballo Esinla, y se fue a las posesiones de Oggún para tomar a su esposa, Oyá.

Ella lo vio pasar, e inmediatamente se enamoró de él y lo llevó a su lado. Hoy en día trabajaba como esclavo y sólo pensaba en beber como una esponja.

Era un hombre brutal, despótico y varonil, y Oyá se dejó robar por el encantado Xangó. Este secuestro dio lugar a una tremenda guerra entre Xangó y Oggún, y de la que Xangó al principio no salió victorioso…..


Cuando todos los grandes hombres de Éfeso se reunieron para comenzar el Barroco, vieron que faltaba el bonco y delegaron al rey de Éfeso Cubakua para ir a la tierra de Enyemiyah – la tierra de los tambores – y traer un bonco.

Cumplió su misión y la ofreció a Efiméremo (“Mocongo”). Comenzaron las fiestas, y en el momento de la consagración, Mocongo vio una paloma, y preguntó si no era un espíritu el que venía a participar con ellos en la fiesta.

Ekueñon envió a Nasacó a adivinar qué sería esa aparición y Nasacó dijo: “Anamieto, viaña iruá akuaramina”. No era un fantasma. Fue una paloma, gracias e imagen del Espíritu Santo.

Ekueñon lo tomó y lo presentó al murmullo de Ekué: “Madre mía, te presento esta paloma de la tierra de Orú, que viene de la tierra de Orú, que viene de la obra de Dios y del Espíritu Santo. Ekué ha jugado tres veces, y Ekueñón lo ha dejado al mismo tiempo.


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